¿Dolor de espalda? Al notar molestias en esta zona, la mayoría de nosotros pensamos que sufrimos la típica lumbalgia o dorsalgia causadas por un mal gesto o una postura de nuestro día a día. En realidad, estos síntomas pueden deberse a una espondilitis anquilosante, un tipo de artritis crónica que afecta a algunas articulaciones provocando mucho dolor e incomodidad.

¿Qué es la Espondilitis Anquilosante?

Esta enfermedad es en realidad, una variante de la artritis que inflama las vértebras de la columna y, a menudo, también afecta a las articulaciones sacroilíacas. No se presenta igual en ningún paciente, por lo que es importante acudir al médico nada más notar alguna molestia en la zona. Debemos tener en cuenta que esta patología también puede afectar a otras articulaciones, como las de las rodillas y las del pie.

Cuando la espondilitis afecta a la columna, provoca rigidez y dolor sobre todo en la zona de la espalda baja. Además, puede causar otros síntomas, como fiebre, falta de apetito y fatiga. Es habitual que aparezca antes de los 30 años.

Causas de la espondilitis anquilosante

Los especialistas en esta patología no han podido determinar todavía su origen con exactitud científica, pero sí que han conseguido perfilar su relación con los genes.

La herencia genética es un factor importante para la aparición de esta enfermedad, que se considera un trastorno del sistema inmunológico. De todos modos, hay que tener en cuenta que su evolución no es nunca la misma, aunque se den diversos casos dentro de una familia.

Consultar con el médico

A simple vista, esta enfermedad puede confundirse con la lumbalgia, la artrosis de columna vertebral y la hernia discal. Por eso, es importante consultar con el médico tanto si tenemos algunos síntomas como si ha habido casos en nuestra familia que puedan hacernos temer la aparición de esta enfermedad. Lo ideal es que consultemos con un especialista en reumatología.

De igual modo, es importante que tomemos algunas medidas de precaución para evitar que se manifieste esta enfermedad. Cuidar nuestra dieta, mantenernos en un peso óptimo y, sobre todo, hacer ejercicio. Evitar que la columna esté inmóvil es esencial para mantenernos en buen estado de salud.

El tratamiento de la espondilitis anquilosante

Esta enfermedad no tiene cura, pero sí que podemos hacer mucho para mejorar el estado de nuestra columna. Prevenir deformaciones en ella, eliminar el dolor y superar la rigidez son los tres objetivos del tratamiento que se establece para la espondilitis.

El abordaje terapéutico de esta enfermedad incluye el uso de fármacos antiinflamatorios no esteroideos y el establecimiento de diversas terapias por parte de un fisioterapeuta especializado.

El fisioterapeuta programará una serie de ejercicios adaptados a esta fisiología, pensados para tonificar también la espalda y el cuello. De esta manera, se ayuda a mantener todo lo posible una buena postura. De igual modo, se pueden pautar otros movimientos aeróbicos y de respiración, con el objetivo de asegurar también que la caja torácica se mantenga flexible. Otro de los deportes recomendados es la natación, que también incide positivamente en la flexibilidad y movilidad de todo el cuerpo.

La lista de terapias y ejercicios que seguirá un paciente con espondilitis anquilosante en la consulta del fisioterapeuta también incluye estiramientos adaptados a la condición muscular de cada enfermo. Con ello, se intenta evitar la aparición de contracturas y patologías parecidas.

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